Érase una vez la herencia de Misha, la evidencia de que pasó por este mundo y dejó algo hermoso para mí.
Misha tuvo gatitos con Nano. Ella era mucho mayor que él, así que me sorprendió cuando su relación de amistad se convirtió en algo más.
De esa unión nacieron tres pequeños. Al principio, tenía miedo de que Nano, al ser un gato macho, los viera como presas, así que evitaba que se acercara. Pero noté que Misha lo recibía con confianza, y fue entonces cuando me animé a bajarlos del cajón de ropa donde los había tenido. ¡Por cierto, después tuve que lavarlo a fondo!
Fue en ese momento cuando vi algo que jamás había presenciado antes: ¡un gato macho ejerciendo su paternidad!
Nano bañaba a Misha con ternura y se echaba alrededor de los bebés, protegiéndolos. Aún tengo grabado en mi mente el instante en que él se colocó detrás de ella para observarlos, como si no pudiera creer que también eran suyos.
Ver su familia crecer me llenó de amor… y también de preocupación. ¿Quién querría gatitos en su hogar?
Los nombramos Nano Junior, porque era idéntico a su padre—ni para que lo negara, ¡su clon!—; Misho, igual a su madre; y Señorita, una gatita blanco y negro, la más delicada de los tres.
Conseguí un buen hogar para Nano Junior, pero Misho y Señorita se quedaron con nosotros. Justo nos habíamos mudado y teníamos más espacio. Ver a Misha tan amorosa y protectora con sus pequeños me llenaba de ternura. No importaba si quien estaba frente a ella era un perro, ella protegía a sus hijos con la misma valentía.
Misha te enseñó muchas cosas, entre ellas, el respeto y el cariño por Nano. Cuando ella partió, tomaste su lugar. Hacías rondas por la casa y lo llenabas de afecto.
Aún recuerdo cuando se sentaban juntos al borde de la cama a mirar por la ventana y, de rato en rato, le dabas una lengüeteada con cariño.
Eso sí, con otros gatos la historia era muy diferente. Siempre fuiste territorial. Tu mayor reto fue Yurenza, la gata de Rafael. ¿Cuántas veces pelearon y renegaste por su presencia? Simplemente, no se tragaban.
Pero al final, la aceptaste como tu subordinada. Eso sí, cualquier pájaro que cayera al patio era tuyo. ¡Qué cosas, no?
Luchamos mucho contra el cáncer: tiempo, tratamientos, pinchazos, doctores… Recién acepté tu partida cuando te vi sangrar y no pude detenerlo. Comprendí que, por más que intentáramos ganar más tiempo, solo estabas sufriendo.
Es muy difícil tomar la decisión de hacer dormir a un ser querido, pero es algo que estoy dispuesta a soportar si sé que solo está padeciendo. Duele… duele mucho ver sus últimos respiros y notar que intentas decir que lo único malo es aquello en tu nariz, que intentas quitártelo, pero no puedes.
Cuando te traje a casa, plantamos una hermosa flor donde te enterramos. Señorita, te cuento que esas flores crecieron y son blancas, como tú. Son grandes y hermosas, como tú.
Verlas me recuerda que sigues presente en nuestras vidas. Contigo aprendí lo que significa ser una hija, a amar y a querer a pesar de todo. Aprendí que sentarse junto a alguien y simplemente estar ahí es lo que realmente importa, aunque no compartas sus pensamientos o ideas. Solo estar con él te reconforta y te devuelve la calma.
Gracias, mi pequeña. Nano y nosotros aún te extrañamos mucho.
.jpeg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario