lunes, 13 de agosto de 2018

Con amor a Misha


Esta historia está dedicada al ser más increíble que cambió mi vida.




¡Misha, cómo te extraño!

Un día, cuando era niña, mi hermana vino de afuera y me dijo que había encontrado algo muy pequeño en una canaleta de agua. Con mucho miedo, se acercó y vio que era una pequeña bola de pelo.
Sin dudarlo, mi hermana la trajo a casa, y ahí comenzó una gran historia de amistad.

Eras tan pequeña… y cuando te vi, supe que me necesitabas. Mi mayor preocupación era que, dependiendo de si eras hembra o macho, podrías volver a la calle.

Mirando a mi padre y teniéndote en mis brazos, dije: “¡Es macho!”
Creo que mi padre siempre supo que eras hembra. Pero, para sorpresa de él y mía, esa fue la primera mentira que dije… y fue solo para salvarte de tu destino.

Misha, eras tan pequeña que, cuando intenté darte de comer, no supe cómo hacerlo.
Sentí una mezcla de rabia y tristeza… ¿Cómo pudieron dejarte tan chiquita en la calle? Sabía que si no encontraba la forma de alimentarte, morirías.

Pero Dios no te pone pruebas que no puedas superar, y Él te puso en mi camino a través de mi hermana menor.

Ahora que soy mayor, comprendí que los tiempos de Dios son perfectos. Yo tenía a Estrella, mi "chuñito", como le decía, y él se acercó a ti, te rodeó y se acurrucó a tu lado. Un gato macho que, en lugar de verte como una presa, te cobijó, te bañó y te dio el calor que necesitabas.

Fue ahí cuando comencé a pensar rápido y a tomar decisiones bajo presión. A tan corta edad, con solo 13 años, ya tenía una gran responsabilidad.

Estabas hambrienta y eras tan pequeña que no parabas de llorar. Intenté alimentarte con una bolsa, pero no funcionó. Probé con una jeringa, y más o menos funcionó. Dejaste de llorar de hambre. Chuñito te limpiaba la leche que te mojaba para que secaras rápido. Era un gran trabajo en equipo. También te limpiaba la cola, aunque eso sí, mi gato no lo hacía… ¡wajjaja!

Con el tiempo, abriste los ojos y comenzaste a dar tus primeros pasos. Durante los años, llenaste mi vida de alegría y la de muchas familias, porque tuviste mucha descendencia.

Por ignorancia, no sabía que había formas de cuidarte para evitarlo. Ya de grande me enteré. Pero, hasta en eso, alegraste muchos hogares con tus mininos, tanto propios como adoptados.

Me enseñaste que madre no es la que da a luz, sino la que cría. Porque cada gatito que abandonaban cerca de casa y llegaba a ti, lo recibías, lo alimentabas y lo criabas como si fuera tuyo.

Déjame decirte, Misha, que no todas las gatas lo hacen. Pero tú eras especial. Eras una gata sin igual, y te admiraba.

Gracias a vivir tan de cerca contigo, comprendí que los animales no son seres sin sentimientos. Todo lo contrario. Sienten y aman, de una manera pura y sincera. Son celosos con sus crías, les enseñan todo. No son mezquinos, más bien transmiten su conocimiento: dónde tener a sus hijos, cómo buscar comida… Se respetan muchísimo.
Jamás vi a uno de tus hijos intentar hacerte daño a ti o a Nano. Siempre que llegabas a casa, ellos te daban un beso. Lo noté. Siempre fue así. Los criaste bien.

Aún recuerdo que eras mi despertador. No había noche en que no esperaras mi regreso. Siempre parada en la reja, y me regañabas si no llegaba a mi hora habitual. Mi cuidadora.

Sabes, Misha… Extraño tanto tus mimos y tus cariños, aunque a veces eran un poco bruscos. Cuando no te hacía caso, me metías la uña. ¡Wajjaja! Y lamento si alguna vez reaccioné mal a tus arañazos… es que dolían mucho. Pero hasta eso extraño, mi pequeña.

Tengo tantas historias que contar de los 15 años que estuviste a mi lado, mi princesa. Pero quiero decirte que espero con ansias el día en que nos volvamos a encontrar.

Dios me vio tan triste que, meses después de perderte, envió a Isabel… y luego a Rafael.
Sabes, les hablo de ti. Les cuento lo maravillosa y hermosa que eras. Les digo que Señorita se parece a ti… esos ojos grandes, igual que su madre.

Misha, aprendí mucho de ti y no quiero decepcionarte. Siempre aplicaré todo lo que me enseñaste, mi gatuna: perseverancia, cariño, esfuerzo, gratitud, buena onda (a tu manera)… y, sobre todo, ayudar al que lo necesita.

Gracias.

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